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SOHO ha encontrado 2.000 cometas

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Imagen captada por LASCO el 26 de diciembre de 2010, donde se puede ver el cometa número 2.000 observado por SOHO
Imagen captada por LASCO el 26 de diciembre de 2010,
donde se puede ver el cometa número 2.000 observado
por SOHO. Crédito: SOHO / Karl Battams

Una nave espacial de ESA/NASA ha alcanzado un hito: el 26 de diciembre, el Observatorio Solar y Heliosférico (SOlar and Heliospheric Observatory, SOHO) descubrió su cometa número 2.000.

Basado en la ayuda de científicos ciudadanos alrededor del mundo, SOHO se ha convertido en el único y mayor buscador de cometas de todos los tiempos. Esto es muy impresionante debido a que SOHO no fue diseñado específicamente para buscar cometas, sino para monitorear el Sol.

"Desde su lanzamiento el 2 de diciembre de 1995 para observar el Sol, SOHO ha duplicado el número de cometas cuyas órbitas han sido determinadas a lo largo de los últimos 300 años", dice Joe Gurman, científico del proyecto de SOHO en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland.
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Un cometa cerca de su fin...

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Un cometa recién descubierto se dirige hacia el Sol, y 'el pequeño' probablemente no sobrevivirá. El cometa está demasiado cerca del Sol como para verlo directamente con nuestros ojos, pero el Observatorio Solar y Heliosférico (SOHO) sí puede hacerlo utilizando un disco opaco para bloquear la luz de nuestra estrella.

La imagen de la derecha es una animación que muestra 12 horas de desplazamiento de este cometa al astro rey. El cometa es el punto que se acerca desde el lado inferior izquierdo hacia el Sol, mientras que el punto de la derecha corresponde a Mercurio.

Este condenado cometa es probablemente un miembro de la familia de Kreutz Sungrazers (algo así como "rasantes del Sol tipo Kreutz"). Nombrados así en honor al astrónomo alemán que los estudió en detalle, se cree que la familia Kreutz Sungrazers son fragmentos de la desintegración de un cometa gigante hace, al menos, 2.000 años. Varios de estos fragmentos pasan cada día cerca del Sol y se desintegran. La mayoría son demasiados pequeños para poder verlos, pero de vez en cuando un fragmento grande como éste llama la atención.

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Los 'Tsunamis Solares' son reales

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Hasta ahora el fenómeno no había sido confirmado como verdadero, debido a que inicialmente se había atribuído a errores de medición. Con recientes observaciones de los satélites STEREO, se ha confirmado que estas 'olas' existen realmente.


Hace años, cuando los físicos solares eran testigos de una ola imponente de plasma caliente que se movía por la superficie del Sol, ellos dudaron de lo que veían. La magnitud de la onda fue asombrosa: se levantó con un altura mayor que un diámetro de la Tierra y se expandió desde un punto central en forma circular de millones de kilómetros. Los observadores, escépticos de lo que veían, indicaron que podría ser una sombra de algún tipo, un truco de los ojos del satélite, pero seguramente no era una 'ola real'.

"Ahora sabemos que los tsunamis solares son reales", dice Joe Gurman del Laboratorio de Física Solar en el Centro de Vuelo Goddard de la NASA.

Las naves gemelas STEREO confirmaron su existencia en febrero de 2009, cuando estalló inesperadamente la mancha solar 11012. La explosión de esta mancha generó una nube de mil millones de toneladas de gas (una Eyección Coronal de Masa, CME) al espacio y también... un tsunami, que se expandió a lo largo de la superficie de nuestra estrella. STEREO registró la ola de dos posiciones separadas por 90 grados, ofreciendo a los investigadores una visión sin precedentes del evento.

"Definitivamente fue una ola", dice Spiros Patsourakos de la Universidad George Mason, autor principal del artículo que informa sobre el descubrimiento en el Astrophysical Journal Letters. "No es una ola de agua, pero sí una onda gigante de plasma caliente y magnetismo".

Los tsunamis solares fueron descubiertos en 1997 por el Observatorio Solar y Heliosférico (SOHO). En mayo de ese año, se detectó una CME en una región activa de la superficie del Sol, y SOHO registró un tsunami lejos del lugar de la explosión.

"Nos preguntábamos, ¿es una onda o apenas una sombra de las CME de arriba?", recuerda Gurman.

SOHO como único punto de vista no fue suficiente para responder a la pregunta, ni para aquella primera ola, ni para muchos acontecimientos similares registrados por SOHO en los años que siguieron.

La pregunta permaneció abierta hasta después del lanzamiento de STEREO. En el momento de la erupción de febrero de este año, STEREO-B estaba directamente encima del lugar de la explosión, mientras que el STEREO-A estaba estacionado en un ángulo recto, "geometría perfecta para descifrar el misterio", dice el co-autor Angelos Vourlidas del Laboratorio de Investigación Naval.

Estos tsunamis solares no representan una amenaza directa a la Tierra, pero su estudio es importante. Pueden ser usados para diagnosticar las condiciones del Sol, debido a que a medida que se propagan pueden alterarse las formas circunferenciales de las olas, proveyendo así información de la densidad de material en la baja atmósfera de la estrella, según señala Gurman.

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El día en que estalló el Sol

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Se cumplen 150 años de la más potente tormenta solar registrada en la historia. Pero, ¿podría repetirse este fenómeno?


De repente, una luz blanca estalló.

Carrington, conmocionado y fascinado, corrió a buscar a otros para que presenciaran lo que mostraba su telescopio.

Ocurría la más potente tormenta solar registrada en la historia y que afectó a la mayor parte del planeta entre el 1º y el 2 de septiembre de 1859 al enviar a la Tierra una extraordinaria cantidad de energía.

Hubo incendios, cortocircuitos, se interrumpieron las comunicaciones al paralizarse las recién inventadas líneas telegráficas en países como Estados Unidos y el Reino Unido.

Una aurora boreal apareció en regiones tan alejadas del Ártico como Cuba o Hawaii.

Los científicos advierten que el fenómeno de hace 150 años, conocido como la Fulguración de Carrington, podría repetirse.

Lo que no se sabe es cuándo.

En riesgo

La Tierra podría quedarse paralizada, con los servicios tecnológicos interrumpidos durante muchos días, según advierten los expertos.

Un informe reciente de la Academia Nacional de las Ciencias, en EE.UU., dice que los daños de una tormenta como la de 1859 podrían cuantificarse en millones de millones de dólares.

Stuart Clark, astrónomo y autor del libro The Sun Kings sobre la Fulguración de Carrington, explica que "nuestra dependencia de satélites para la comunicación y la navegación nos pone en riesgo ante esta clase de tormentas".

El experto expresa que ya en 1989 en Quebec, Canadá, se tuvo un adelanto de lo que podría pasar.

En esa fecha, una tormenta solar, obviamente mucho menos intensa que la de 1859, ocasionó que una planta hidroeléctrica se detuviese durante varias horas, con pérdidas de cientos de millones de dólares.

Con respecto a qué se puede hacer durante una tormenta de gran magnitud, Clark opina que "simplemente desconectar la generación de electricidad por el tiempo que dure el fenómeno, lo cual sin duda, ocasionará muertes".

Incómoda

Lo que pasó en el siglo XIX se debió a una combinación de eventos por los cuales las manchas solares, con sus potentes campos magnéticos, se entrecruzaron, con una consiguiente liberación de energía violenta, o llamarada solar.

Ocurrió, entonces, la disrupción más potente en la ionosfera de la Tierra en toda la historia, como se explica en el sitio electrónico de la NASA.

Bruce Tsurutani, físico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa (JPL), expone en ese mismo sitio que "con la llamarada vino la liberación de una nube de plasma cargada magnéticamente y denominada eyección de masa coronal".

Según manifiesta, "no todas las eyecciones de masa coronal se dirigen hacia la Tierra. Tardan normalmente de tres a cuatro días en llegar aquí. Ésta tardó 17 horas y 40 minutos".

Clark explica, entretanto, que "estamos en un momento en que la actividad solar se encuentra en un mínimo prolongado". (El Sol atraviesa sus momentos más tranquilos)

Y "esta situación no es cómoda porque las más grandes llamaradas, como la de 1859, han aparecido de manera inesperada cuando el sol se encuentra en quietud".

Más aún, "he escuchado a científicos refiriéndose al peligro de llamaradas actuales y entramos en un período de actividad magnética que las podría potenciar", explica.

Breve advertencia

Cada vez mejoramos en la capacidad de predicción de este tipo de fenómenos, en opinión de Clark.

En cuanto a la detección, "los primeros signos de alerta vendrían de satélites que monitorean al Sol. La NASA tiene uno, el Ace, que mide la fuerza de la corriente de partículas procedentes del Sol y nos permite saber con qué magnitud seríamos golpeados".

El problema con Ace es que "nos advertiría con sólo 15 ó 16 minutos de antelación".

Pero hay otros sistemas "que observan directamente al Sol y una vez que se inicien las llamaradas podemos ver si van a generar erupciones. Este es el caso de la misión SOHO (Solar Heliospheric Observatory, en inglés) de la Agencia Europea del Espacio y la misión Stereo (Solar Terrestrial Relations Observatory), de la Nasa.

De esa manera -continúa Clark- "si vemos una de estas erupciones en la superficie solar tendríamos entre 18 y 36 horas de advertencia".

Por todas las consecuencias a nivel tecnológico y económico que traería para el planeta una gran tormenta solar es que la NASA y otras agencias espaciales han considerado como una prioridad el desarrollo de un sistema para predecir las erupciones en el Sol.
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