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Planck nos acerca al primer acto de la formación del Universo

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Los primeros resultados científicos de la misión Planck fueron presentados hace algunos días en una rueda de prensa en París. Sus descubrimientos nos acercan a los objetos más fríos del Universo, desde el interior de nuestra propia galaxia hasta los distantes confines del cosmos.

Imagen que muestra los seis primeros campos usados para detectar y estudiar el fondo cósmico infrarrojo
Planck investiga la radiación del fondo cósmico
de microondas. Crédito: Colaboración ESA/Planck
Si William Shakespeare fuese un astrónomo hoy en día, bien podría haber escrito que "El Universo es un escenario, y todas las galaxias meros actores". Planck nos muestra nuevas imágenes tanto del escenario como de los actores, desvelando el gran drama de la evolución del Universo. En julio del año pasado vio la luz la primera imagen del cielo completo obtenida por Planck; hace algunos días se han presentado los primeros resultados científicos de la misión, basados en estas observaciones. Estos resultados, condensados en 25 artículos enviados a la revista Astronomy & Astrophysics, han sido presentados por la Colaboración Planck en una importante conferencia científica que se celebró en París.
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Planck desvela la estructura del Universo de hoy y del pasado

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La ESA acaba de publicar la primera imagen de toda la bóveda celeste obtenida por su misión Planck, que aporta nuevas evidencias sobre el proceso de formación de las estrellas y de las galaxias y, sobre todo, permite estudiar las primeras fases de formación del Universo.

El cielo en microondas, observado por Planck.
"Este es el momento para el que se creó la misión Planck", comenta David Southwood, Director de Ciencia y de Exploración Robótica de la ESA. "Con estos resultados no estamos dando una respuesta, sino abriendo la puerta a través de la que los científicos podrán buscar los eslabones perdidos que permitirán comprender cómo se formó el Universo y cómo ha evolucionado desde entonces. Tanto la imagen en sí como su altísima calidad rinden un tributo a los ingenieros que diseñaron, construyeron y operan esta misión de alta tecnología. Ahora ha llegado el momento de empezar a aprovechar su altísimo potencial científico".
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Planck desvela la complejidad de la formación estelar

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Estas nuevas imágenes enviadas por el observatorio espacial Planck muestran por primera vez las fuerzas que dirigen el proceso de formación de las estrellas, lo que permite a los astrónomos comprender mejor la compleja física que da forma al polvo y al gas presente en nuestra galaxia.

Región de la Nebulosa de Orión, observada por Planck.
El proceso de formación de las estrellas tiene lugar tras el velo de grandes cúmulos de polvo, lo que no significa que no se pueda observar su interior. Donde los telescopios ópticos sólo son capaces de observar una región oscura en la galaxia, los 'ojos' del telescopio Planck, capaces de ver en el rango de las microondas, revelan infinidad de brillantes estructuras de polvo y gas. Estos días, Planck está utilizando esta inusual habilidad para estudiar en detalle dos regiones de formación de estrellas relativamente cercanas dentro de la Vía Láctea.

La región de Orión, a unos 1.500 años-luz de nuestro Sistema Solar, alberga una gran cantidad de estrellas en formación. Esta región es famosa por su Nebulosa, que se puede observar a simple vista como una difusa mancha rosa cerca del centro de la constelación.

La primera imagen cubre gran parte de la constelación de Orión. La nebulosa se encuentra en la región brillante centrada en la mitad inferior de la imagen. La región brillante a la derecha del centro se corresponde a la nebulosa "Cabeza de Caballo", conocida con este nombre por la extraordinaria semejanza de uno de sus pilares de polvo con una cabeza de caballo vista de perfil.

Se cree que el gran arco rojo del anillo de Barnard es la onda expansiva provocada por la explosión de una estrella en el interior de la región hace unos dos millones de años. Esta onda, que continúa en expansión, alcanza ya una extensión de unos 300 años-luz.

En contraste con la de Orión, la región de Perseus no es tan activa en términos de formación de estrellas, pero Planck desvela la gran actividad que sucede en su interior.

Ambas imágenes muestran tres fenómenos físicos que actúan sobre el polvo y el gas en el medio interestelar. Planck tiene la capacidad de estudiar cada uno de estos fenómenos por separado: en las frecuencias más bajas, Planck estudia la emisión generada por la interacción de electrones a alta velocidad con el campo magnético de la galaxia. También es posible apreciar la difusa contribución de la emisión generada por el movimiento de rotación de las partículas de polvo.

En las longitudes de onda intermedias, en el rango de unos pocos milímetros, la emisión procede del gas calentado por las estrellas de reciente formación.

Región de la constelación de Perseus, observada por Planck.
En las frecuencias más altas, Planck registra la exigua radiación térmica emitida por las nubes de polvo extremadamente frío. Esto permite identificar los núcleos más fríos de las nubes, que se encuentran ya en las últimas fases de colapso antes de renacer como una nueva estrella. Finalmente, las estrellas recién formadas dispersarán los restos de las nubes que las rodean.

El delicado equilibrio entre el colapso y la dispersión de una nube regula el número de estrellas que se forman en la galaxia. Planck permitirá comprender mejor esta interacción ya que, por primera vez, se están obteniendo datos de los principales mecanismos de emisión de forma simultánea.

La principal misión de Planck es observar todo el cielo en la longitud de onda de las microondas para registrar variaciones en los restos de la radiación producida por el Big Bang, sin embargo, es capaz de obtener estos impresionantes resultados cada vez que cruza la Vía Láctea en su continua monitorización del Universo.

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Planck desvela un telón de fondo cósmico formado por polvo frío

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La última imagen obtenida por Planck muestra filamentos gigantes de polvo frío que se extienden a lo largo de la Vía Láctea. El análisis de estas estructuras podría ayudar a determinar las fuerzas que dan forma a nuestra galaxia y que provocan la formación de las estrellas.

El satélite Planck de la ESA está diseñado principalmente para estudiar los mayores misterios de la cosmología: ¿cómo se formó el Universo?, ¿cómo se formaron las galaxias? Esta imagen lleva la investigación hacia las estructuras de polvo frío que se extienden por la Vía Láctea.

La imagen muestra la estructura de filamentos de polvo que rodean a nuestro Sistema Solar, a una distancia de unos 500 años-luz del Sol. Los filamentos arrancan de la Vía Láctea, que es la región rosa que se extiende en horizontal en la parte inferior de la imagen. En esta zona, la radiación procede de mucho más lejos, del lado opuesto del disco de nuestra galaxia.

Esta imagen ha sido codificada con colores para poder apreciar las diferencias de temperatura en las estructuras de polvo. Los tonos blanco-rosados marcan el polvo que se encuentra a unas decenas de grados por encima del cero absoluto, mientras que las zonas con colores más intensos muestran el polvo con temperaturas entorno a los -261°C, tan sólo 12 grados por encima del cero absoluto. El polvo más cálido es el que está concentrado en el plano de la galaxia, mientras que el polvo en suspensión por encima y por debajo del disco galáctico se encuentra a menor temperatura.

"Todavía no se comprende porqué estas estructuras tienen estas formas tan peculiares", comenta Jan Tauber, Científico del Proyecto Planck para la ESA. Las zonas más densas se conocen como nubes moleculares, mientras que las más difusas reciben el nombre de "cirros". Ambas están formadas por polvo y por gas, aunque el gas no se puede observar directamente en las imágenes.

Hay muchas fuerzas en acción en nuestra galaxia, que hacen que las nubes moleculares y los cirros adquieran estas formas de filamento. Por ejemplo, la galaxia gira a gran escala, lo que da lugar a patrones espirales de estrellas, polvo y gas. La gravedad también ejerce una gran influencia, estirando los cúmulos de polvo y gas. Las emisiones de radiación y de partículas de las estrellas arrastran al polvo y al gas que las rodea. Los campos magnéticos también juegan un papel en estas estructuras, aunque todavía se desconoce hasta qué punto.

Los puntos más brillantes de la imagen corresponden a densos cúmulos de materia en los que tiene lugar la formación de estrellas. A medida que los cúmulos se encojen, se vuelven más densos y pueden aislar mejor su interior de la influencia de la luz y de la radiación, lo que provoca que se enfríen más fácilmente y que colapsen más rápido.

El telescopio espacial Herschel de la ESA puede ser utilizado para estudiar este tipo de regiones con más detalle, pero sólo Planck es capaz de detectarlas a lo largo del Universo. Herschel y Planck se lanzaron juntos en mayo de 2009 y los dos se encuentran estudiando los componentes más fríos del Universo. Planck estudia las grandes estructuras, mientras que Herschel realiza observaciones detalladas de regiones más pequeñas, como los cúmulos cercanos donde se forman las estrellas.

A la vista de estos resultados, surge la pregunta de porqué la Vía Láctea presenta esta estructura de filamentos tanto a pequeña como a gran escala. "Es una gran pregunta", concluye Tauber.

La nueva imagen es una combinación de los datos obtenidos por el Instrumento de Alta Frecuencia (High Frequency Instrument, HFI) de Planck, en las longitudes de onda comprendidas entre los 540 y los 350 micrómetros, y de una imagen de 100 micrómetros obtenida por el satélite IRAS en el año 1983.

Los datos enviados por HFI han sido obtenidos como parte del primer análisis de Planck de todo el cielo en las longitudes de onda del rango de las microondas. A medida que el satélite gira sobre su eje, sus instrumentos van realizando un barrido del cielo. En cada revolución, cruzan la Vía Láctea dos veces, por lo que durante la misión de Planck de registrar la luminiscencia del Big Bang se podrán obtener mapas de nuestra galaxia con un exquisito nivel de detalle.

Imágenes (explicadas en orden, de arriba hacia abajo):
-Estructuras de polvo a 500 años-luz del Sol. La imagen abarca unos 50° del cielo. Es una combinación de imágenes tanto de Planck como del satélite IRAS.
-Región del cielo estudiada por Planck (enmarcada en rojo). La imagen de fondo, tomada por el satélite IRAS, es un globo que representa la mitad del cielo.
-Estructuras de filamentos que se manifiestan a gran escala -como se muestra en la imagen de Planck, a la derecha- y pequeña escala -como se ve en la imagen de Herschel de una región en la constelación del Águila, izquierda- en la Vía Láctea.

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La primera luz de Planck adelanta resultados prometedores

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El satélite de la Agencia Europea del Espacio (ESA) ya está 'fotografiando' la radiación remanente del Big Bang.


El observatorio espacial Planck ha empezado a fotografiar la radiación de fondo del universo, el cosmos primitivo, con altísima resolución. Su objetivo es medir variaciones minúsculas de temperatura en la radiación del universo cuando no habían pasado ni 400.000 años desde la gran explosión inicial (la edad actual del cosmos es de 13.700 millones de años), y detectar esas variaciones equivale a comparable a distinguir desde la Tierra el calor corporal de un conejo sentado en la Luna, dicen los responsables de la misión. Los primeros datos obtenidos se plasman en una banda del cielo de 15 grados de ancho (el diámetro aparente de la Luna vista desde aquí es de aproximadamente medio grado) en nueve diferentes frecuencias que abarca la cámara. La calidad de los registros es excelente, dicen los especialistas.

El satélite fue lanzado al espacio el pasado 14 de mayo junto a otro observatorio astronómico también de la Agencia Europea del Espacio (ESA), el Herschel. El 13 de agosto empezó a tomar datos regularmente desde su lugar de trabajo en el espacio, en torno a un punto de equilibrio gravitatorio en el sistema Sol-Tierra denominado Lagrange 2. El observatorio funciona a una temperatura extremadamente baja, próxima al cero absoluto (273,15 grados bajo cero), para poder detectar las minúsculas diferencias de temperatura de la radiación de fondo (ahora muy fría). Esas diferencias térmicas, a medida que el universo evolucionó, dieron lugar a las galaxias y grupos de galaxias. El Planck es heredero de dos satélites anteriores (el Cobe y el Wmap, este último aún en fucnionamiento), dedicados también a las anisotropías de la radiación de fondo, pero los supera en sensibilidad.

El primer rastreo del cielo con el Planck comenzó el 13 de agosto pasado y duró dos semanas, informa la ESA. En esa fase se verificó la estabilidad y calibración de los instrumentos. El resultado es esa primera franja del cielo. La fase de observación científica del satélite rutinaria ya ha comenzado y el plan es que siga haciéndolo ininterrumpidamente durante al menos, 15 meses. El primer mapa completo del cielo estará listo en seis meses.
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Planck alcanza un estado ultra-frío

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El observatorio europeo Planck ha llegado a su temperatura de funcionamiento, por lo que es el objeto más frío en el espacio.

Los detectores del observatorio han sido refrigerados a una asombrosa temperatura de -273.05 °C, sólo una décima de grado por encima de lo que los científicos llaman "cero absoluto".

Planck, que en mayo fue puesto en marcha, estudiará la luz más antigua en el Universo.

Sus detectores, deben ver en detalle esta radiación, que ofrece nuevas perspectivas sobre la edad, el contenido y la evolución del cosmos.

Aunque los montajes del laboratorio están más cerca del cero absoluto que Planck, los investigadores dicen que es poco probable que en algún lugar del espacio sea más frío que su satélite astronómico.

Esta frigidez debe asegurar que los bolómetros estén en su punto más sensible para poder detectar la luz que es su objetivo.

Las notables condiciones se mantienen, en parte, porque Planck siempre apunta lejos del calor del Sol. Los escudos consiguen que el telescopio se mantenga alrededor de los -220 °C.

Tres sistemas de refrigeración activos bajan el ambiente a bordo en el corazón del observatorio, extremadamente cerca del estado de energía térmica cero (cuando, teóricamente, los átomos dejarían de moverse).

Planck ha sido enviado a una posición de observación de alrededor de 1.5 millones de kilómetros de la Tierra. La publicación de sus primeros datos se espera para el próximo año.

La misión de la Agencia Espacial Europea fue puesta en marcha junto con otro telescopio llamado Herschel. Este segundo observatorio es sensible a longitud de onda más corta que la radiación de Planck y estudia el nacimiento de las estrellas y la evolución de las galaxias.
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